Thursday, February 08, 2007
Monday, January 08, 2007
Claudia Acuña dará concierto gratuito durante Santiago a Mil

Sólo hace algunos días llegó a nuestro país Claudia Acuña, donde de paso aprovechó de cantar una pieza en el club Miles, y hasta esta mañana aún no había certeza del motivo de su visita. Hoy se confirmó que la llegada de la destacada cantante de jazz radicada en Nueva York se debe a que será parte del programa de Santiago a Mil.
La noche del sábado 13 de enero, la artista ofrecerá un concierto gratuito y al aire libre en las afueras de la Iglesia San Vicente Ferrer de Los Domínicos (Av. Apoquindo 8600). De esta manera se inaugura la inclusión de la música durante el ya tradicional festival de la cultura que domina las actividades de enero.
Lady crooner
Pero no sólo se trata de un concierto habitual de jazz como los que Acuña ya ha ofrecido antes en teatros operáticos como el Municipal, espacios reducidos como el Club de Jazz y festivales multitudiarios como el Providencia Jazz. En esta ocasión, Acuña se plantará además frente a la conocida orquesta de jazz de adolescentes Conchalí Big Band, para actuar por primera vez en Chile como lady crooner.
Claudia Acuña destacó que esta presentación junto a la orquesta “será una bonita unión entre dos equipos”. Y respecto del programa que presentará esa noche, la cantante no quiso adelantar nada. “Será una sorpresa” se limitó a decir, aunque se sabe que Acuña se ha manifestado musicalmente cada vez más alineada con la raíz latinoamericana que con el swing norteamericano.
La cantante agregó que aún se está viendo la posibilidad de agregar más conciertos durante el festival en otras comunas y que no se descarta ampliar la temporada junto a la orquesta de jazz. Porque un tema importante para Claudia Acuña es la “accesibilidad” de su música y por eso mismo afirma “que para mí es un sueño volver a la calle".
"Yo siempre miraba de lejos el festival de teatro y soñaba con que algún día se incluyera la música en este evento”, señaló la cantante de jazz, según la cual Santiago a Mil “más que un festival de teatro, es un carnaval de las artes”.
Sin embargo, Carmen Romero, directora general del Festival Internacional Santiago Mil, especificó que éste seguirá siendo sólo un festival de las artes escénicas.
“La presentación de Claudia Acuña es como un broche que de aquí en adelante queremos agregar al Festival”, agrega Romero. La idea es que se incluya sólo un número musical dentro de la programación y que éste “sea inédito o de un carácter especial”.
El año decisivo
La conexión entre Claudia Acuña y la Conchalí Big Band era un proyecto que la cantante resguardaba en silencio desde sus anteriores visitas al Teatro Municipal en 2004 y a San Carlos de Apoquindo en 2006. Su interés por integrarse a proyectos nacionales estaba latente después de una década de acción en Estados Unidos y Europa.
Después de cantar junto al pianista Moncho Romero en temporadas de jazz en Santiago, y de haber participado en el primer Festival de Jazz Vocal de 1992 (donde salió segunda tras Rachel) Claudia Acuña emigró a Nueva York para construir su carrera musical. Corría 1994 cuando se instaló en la capital mundial del jazz. Ahí conoció al pianista Jason Lindner, su histórico socio musical, y alcanzó resonancia entre los ejecutivos del sello Verve que la vieron como una figura latinoamerica "exótica" para el mundo anglo.
En 2000 debutó con el disco Wind from the south y dos años después grabó Rhythm of life con músicos como el contrabajista Dave Holland y el pianista Billy Childs. En 2004 cambió de casa editora y publicó Luna con Maxjazz.
El mismo año de su viaje a Nueva York, en la comuna capitalina de Conchalí se gestaba uno de los hitos del jazz chileno del último tiempo. El cornista clásico y trompetista Gerhard Morninghew organizó el proyecto de la creación de una orquesta de músicos adolescentes. Logró la consecución de fondos para adquirir instrumentos y convocó músicos para enseñar el lenguaje del swing.
A doce años de su fundación, la Conchalí Big Band ha promovido a músicos que hoy despiertan la atención del medio jazzístico: Agustín Moya (saxo tenor), Marcelo Maldonado (trombón), Cristián Gallardo (saxo alto), Andrés Pérez (saxo tenor), Italo Viveros (trompeta), Jorge Prieto (trombón), Sergio González (batería).
Es la misma fecha histórica para Claudia Acuña y los jóvenes músicos de la orquesta conchalina que se encontrarán por primera vez este próximo 13 de enero, en el concierto del festival Santiago a Mil.
Fuente: EMOL.cl; Miércoles 13 de Diciembre de 2006,
Por Ilona Goyeneche e Íñigo Díaz.
Alex W. Levine.-
La noche del sábado 13 de enero, la artista ofrecerá un concierto gratuito y al aire libre en las afueras de la Iglesia San Vicente Ferrer de Los Domínicos (Av. Apoquindo 8600). De esta manera se inaugura la inclusión de la música durante el ya tradicional festival de la cultura que domina las actividades de enero.
Lady crooner
Pero no sólo se trata de un concierto habitual de jazz como los que Acuña ya ha ofrecido antes en teatros operáticos como el Municipal, espacios reducidos como el Club de Jazz y festivales multitudiarios como el Providencia Jazz. En esta ocasión, Acuña se plantará además frente a la conocida orquesta de jazz de adolescentes Conchalí Big Band, para actuar por primera vez en Chile como lady crooner.
Claudia Acuña destacó que esta presentación junto a la orquesta “será una bonita unión entre dos equipos”. Y respecto del programa que presentará esa noche, la cantante no quiso adelantar nada. “Será una sorpresa” se limitó a decir, aunque se sabe que Acuña se ha manifestado musicalmente cada vez más alineada con la raíz latinoamericana que con el swing norteamericano.
La cantante agregó que aún se está viendo la posibilidad de agregar más conciertos durante el festival en otras comunas y que no se descarta ampliar la temporada junto a la orquesta de jazz. Porque un tema importante para Claudia Acuña es la “accesibilidad” de su música y por eso mismo afirma “que para mí es un sueño volver a la calle".
"Yo siempre miraba de lejos el festival de teatro y soñaba con que algún día se incluyera la música en este evento”, señaló la cantante de jazz, según la cual Santiago a Mil “más que un festival de teatro, es un carnaval de las artes”.
Sin embargo, Carmen Romero, directora general del Festival Internacional Santiago Mil, especificó que éste seguirá siendo sólo un festival de las artes escénicas.
“La presentación de Claudia Acuña es como un broche que de aquí en adelante queremos agregar al Festival”, agrega Romero. La idea es que se incluya sólo un número musical dentro de la programación y que éste “sea inédito o de un carácter especial”.
El año decisivo
La conexión entre Claudia Acuña y la Conchalí Big Band era un proyecto que la cantante resguardaba en silencio desde sus anteriores visitas al Teatro Municipal en 2004 y a San Carlos de Apoquindo en 2006. Su interés por integrarse a proyectos nacionales estaba latente después de una década de acción en Estados Unidos y Europa.
Después de cantar junto al pianista Moncho Romero en temporadas de jazz en Santiago, y de haber participado en el primer Festival de Jazz Vocal de 1992 (donde salió segunda tras Rachel) Claudia Acuña emigró a Nueva York para construir su carrera musical. Corría 1994 cuando se instaló en la capital mundial del jazz. Ahí conoció al pianista Jason Lindner, su histórico socio musical, y alcanzó resonancia entre los ejecutivos del sello Verve que la vieron como una figura latinoamerica "exótica" para el mundo anglo.
En 2000 debutó con el disco Wind from the south y dos años después grabó Rhythm of life con músicos como el contrabajista Dave Holland y el pianista Billy Childs. En 2004 cambió de casa editora y publicó Luna con Maxjazz.
El mismo año de su viaje a Nueva York, en la comuna capitalina de Conchalí se gestaba uno de los hitos del jazz chileno del último tiempo. El cornista clásico y trompetista Gerhard Morninghew organizó el proyecto de la creación de una orquesta de músicos adolescentes. Logró la consecución de fondos para adquirir instrumentos y convocó músicos para enseñar el lenguaje del swing.
A doce años de su fundación, la Conchalí Big Band ha promovido a músicos que hoy despiertan la atención del medio jazzístico: Agustín Moya (saxo tenor), Marcelo Maldonado (trombón), Cristián Gallardo (saxo alto), Andrés Pérez (saxo tenor), Italo Viveros (trompeta), Jorge Prieto (trombón), Sergio González (batería).
Es la misma fecha histórica para Claudia Acuña y los jóvenes músicos de la orquesta conchalina que se encontrarán por primera vez este próximo 13 de enero, en el concierto del festival Santiago a Mil.
Fuente: EMOL.cl; Miércoles 13 de Diciembre de 2006,
Por Ilona Goyeneche e Íñigo Díaz.
Alex W. Levine.-
Labels: En la Prensa, Jazz Chileno
Wednesday, November 22, 2006
La descendencia perdida de Tom Waits

El crooner de la Norteamérica que no retratan las postales regresa con su más abultada colección de canciones no reconocidas. Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards se llama el disco triple con 56 temas (30 de ellos nunca antes publicados) que aparece el 21 de noviembre en Estados Unidos.
Por Mauricio Jurgensen (La Tercera)
Se supone que debería conceder alguna de esas frases que ayudan a templar el ambiente previo al arribo de un nuevo trabajo. Pero nada. Tom Waits (California, 1949), uno que ha hecho carrera instalado en la periferia y siempre a espaldas de las exigencias de la industria, apenas se acomoda el sombrero y lanza con voz sucia y destemplada: "Es sólo un, montón de canciones que se me cayeron por la cocina mientras preparaba la cena". Habrá entonces que conceder de vuelta: no se trata sólo del disco de tumo (sucesor de Real Gone, 2004) y, por cierto, menos de las sobras del menú.
Orphans: Brawlers, Bawlers and Bastards asoma como el testimonio más generoso y definitivo de una carrera musical iniciada formalmente -tras "curtirse" en los bares- en 1973 con Closing Time. La ficha de su disquera (y que incluye la notable frase de entrada) habla de una colección de 56 canciones -30 de ellas inéditas, dos "escondidas" hacia el final de la lista- que irán repartidas en tres discos separados por criterios de estilo: blueseras (Brawlers), melancólicas (Bawlers) y experimentales (Bastards). También hay covers de The Ramones y Daniel Johnston, dos musicalizaciones sobre escritos de Charles Bukowski y Jack Kerouac y colaboraciones de gente como Mark Linkous (Sparklehorse) y Les Claypool (Primus).
Rodeado de amigos y no de muy buena gana, aceptó salir de gira para promocionar un título que será editado el 21 de noviembre en Estados Unidos. Aunque hablar de gira sea un exceso: durante agosto pasado montó ocho conciertos en ciudades ajenas al circuito convencional y, cuando le pidieron razones para emprender tan atípico periplo, sólo argumentó: Vamos a Kentucky, porque allá un tipo me debe dinero, y pasaremos por Tennessee, porque no me quiero perder los fuegos artificiales.Surreal y narcótico
Burlón e inflexible, Waits dice que Orphans "es un chico sin futuro manejando un ataúd con grandes neumáticos por el río Ohio, usando anteojos para soldar, y también un tipo golpeador de esposas con un petardo en su oído". Pero lo que se oye son canciones en un clima tan narcótico como seductor con pianos, bronces, violines y batería con plumillas. Registros de belleza insana y maldita que produjo junto a su esposa y colaboradora, la irlandesa Kathleen Brennan, y a dos de sus tres hijos.
La cita familiar no es gratuita. Después de arroparse en el repertorio de piano y jazz que nutrió la primera década de su carrera musical, Waits logró que en 1983 el sello Island publicara Swordfishtrombones, a un año de haberlo grabado y después de que Asylum, su primera casa disquera, lo desechara por "inentendible". Por esos días, el músico conoció a Brennan en los estudios Zoetrope, de la familia Coppola, y fue ella quien precipitó dos decisiones clave: dejar el alcohol y seguir escribiendo lo que le viniera en gana. Waits cambió la melancolía etílica por una crónica enrarecida y rústica de rango experimental. Swordfishtrombones inauguró una trilogía de discos imperdibles, que completan Rain Dogs (1985) y Frank's Wild Years (1987), y que sellaron las claves de su posterior repertorio.
Orphans confirma ese tono surreal y narcótico, que durante la última década -y como golpe a la cátedra dé una carrera que siempre fue esquiva en términos de rentabilidad-, comenzó a gozar, de fuerte popularidad. Sobre todo a partir de Mule Variations (1999), que llegó a vender más de un millón de copias. Esta edición, que supera el rango retrospectivo por su inclusión de 30 canciones nuevas, tiene también una edición de lujo con librillo de 94 páginas y letras de puño y letra de un músico que ajusta cuentas con el pasado reconociendo, formalmente, a sus crías pérdidas.
Les dejo un par de temas, "The Last Rose of Summer" y "Singapore", de sus discos The Black Rider y Rain Dogs respectivamente, bien diferentes para que capten su estilo.
Si gustan pueden bajar el tremendo DISCO ENTERO de Tom Waits, "The Heart of Saturday Night", del año 1974, cuando el crooner recién comenzaba su carrera (con el pie derecho), CLICK ACÁ

Alex W. Levine.-
Labels: En la Prensa
Wednesday, September 27, 2006
El legado de Miles Davis resuena en el aniversario de su muerte

La celebración este jueves del quince aniversario de la muerte de Miles Davis llega con una incesante aunque justificada serie de homenajes a este maestro del jazz. Su trompeta se deja oír en la recién publicada colección de cuatro discos que, bajo el título de "The Legendary Prestige Quintet Sessions", agrupa una elegante serie de grabaciones del Miles Davis Quintet entre 1955 y 1956, y su vida vuelve a ser motivo de discusión 15 años después de su muerte, acaecida el 28 de septiembre de 1991, con la próxima publicación de "Dark Magus", una nueva biografía del músico redactada en esta ocasión por su hijo mayor, Gregory.
Tanto en vida como después de su muerte, Miles es reverenciado como uno de los grandes del jazz, alguien cuyo arte tan sólo es comparable con otra leyenda de este género como Duke Ellington. Sin llegar a poseer el virtuosismo de su idolatrado Dizzy Gillespie a la trompeta, Miles ofreció un toque personal, siempre diferente y en constante evolución. En sus manos cada una de las notas era importante mientras su estilo evolucionaba del bop al jazz libre, también considerado uno de los pioneros en la fusión con otros géneros musicales. Como asegura la crítica, la historia del jazz sería diferente de no ser por este nacido en Alton, Illinois, un 25 de mayo de 1926. Junto al talento demostrado como trompetista en obras como su "Porgy and Bess" (1958) o "Sketches of Spain" (1960), Davis fue un brillante "caza-talentos" para sus formaciones orquestales. El hombre que durante años no quería hablar con nadie que no fuera músico descubrió a talentos como Gerry Mulligan, John Coltrane, Herbie Hanckock, Chick Corea, Keith Jarrett o John McLaughlin, algunos de los principales valores del jazz moderno.
Este es el Davis que celebra este mes el Hollywood Rock Walk cuando inscriba el nombre del músico en la galería en honor a los maestros del rock & roll, el jazz, el blues o el R&B.
Pero en la biografía "Dark Magus: The Jekyll and Hyde Life of Miles Davis", la otra cara queda al descubierto. Escrito por Gregory Davis, el mayor de los cuatro hijos del músico, el libro habla del comportamiento cambiante de su padre, un hombre que alternó entre sus momentos de sobriedad y de drogadicción de los que salieron clásicos como "Walkin" (1954). También habla de la lucha entre un hombre que amaba a su familia pero que llevaba en su interior un egoísmo destructivo, o de la búsqueda de Davis de una estabilidad marital a la vez que corría obsesionado detrás de las mujeres jóvenes que conocía.
Como detalla la estrella de jazz Clark Terry, el volumen que saldrá a la venta el próximo noviembre es "una brillante y enternecedora revelación del carácter de Miles a través de los recuerdos de su hijo mayor". Un perfecto complemento a la autobiografía "Miles" que el músico publicó tras anunciar en 1975 su despedida de unos escenarios a los que volvería en 1981. "El hijo y compañero de Miles Davis tiene experiencias que ningún biógrafo o periodista puede ofrecer", añade el crítico Phil Freeman. "Dark Magus" ofrece las dos caras del artista, la del genio y la de sus demonios. Sus páginas también muestran al aficionado que hace quince años se quedó huérfano de Davis nuevas fotos de su maestro o incluso cotilleos de las disputas familiares que acompañaron su testamento.
Pero si lo que sus seguidores van buscando es su música como mejor recordatorio, las más de 120 grabaciones que Davis dejó a su muerte cuentan ahora con una nueva colección que engloba uno de sus periodos musicales culminantes. Entre los cuatro discos de "The Legendary Prestige Quintet Sessions" hay uno que contiene interpretaciones inéditas de Davis en la radio y la televisión. Se trata de un nuevo ejemplo sonoro de la virtud musical más veces alabada de Davis. Como asegura su hijo, en vida Miles Davis se debatió en una constante lucha personal, pero en el escenario siempre será siempre recordado por su delicado control sobre su trompeta.
Fuente: La Tercera
De puro buena onda que soy les dejo una joyita: Miles con su octeto, presentando a Carlos Santana y Robben Ford
Alex W. Levine.-
Labels: En la Prensa
Friday, June 30, 2006
El Cutus Clan

Por Francia Fernández, Diario La Nación (Domingo 16 de enero de 2005)
El trompetista Cristián Cuturrufo y sus tres hermanos se criaron escuchando el acordeón paterno y más de una vez durmieron en cajas de batería. En 1997 un incendio devastó la casa familiar con instrumentos e historia y ellos fundaron el Club de Jazz de Coquimbo. Nunca han parado de "sonar" y su intimidad refleja un estirpe alegre, talentosa y devota de la Virgen de Andacollo. Estuvimos en su mesa disfrutando del swing de una familia que lleva la música en la sangre.
Un cartel imponente señala el lugar preciso: Club de Jazz de Coquimbo. La cabellera frondosa de Cristián Cuturrufo se asoma a la puerta. "¿Quién me busca?", pregunta con desgano. Después advierte que no se le acerquen mucho porque comió jurel.
Es viernes por la noche. La presentación de este trompetista que fue nombrado Hijo Pródigo de la Región está por comenzar. Su padre, Wilson Cuturrufo, acordeonista, pianista y director regional de Cultura, y María Elena Contador, madre y "jefa máxima" de la familia, corren de un lado a otro afinando detalles. Uno a uno irán llegando los otros hijos, todos con una sonrisa en la cara.
"Mis primeras imágenes en el oído son del swing que tocaba mi papá. Estábamos 'condenados'. De chicos éramos los hermanitos Cuturrufo de Coquimbo. En las veladas del colegio yo (32) tocaba bongó; Rodrigo (36), guitarra; Marcelo (34), flauta dulce, y Carolina (30) cantaba. Después, en quinto básico, fuimos pasando uno a uno a la Escuela de Música de La Serena", recuerda Cristián.
Ahora, Rodrigo es etnomusicólogo, arreglador orquestal y encabeza, desde 1994, el grupo Vernáculo, en que todos se reúnen a cantarle a la Virgen de Andacollo. Marcelo estudió sonido y es el actual baterista de Alvaro Henríquez; Carolina, además de tocar la flauta traversa, es actriz. Y Cristián es considerado el mejor trompetista chileno de su generación.El prefiere tomárselo con modestia. "He tenido más cobertura y ganado premios como el Altazor (2001), pero nunca me he sentido más. Si lleváramos la música al fútbol y acá fuéramos un equipo, desde mi mamá para abajo jugaríamos todos igual", aclara.
La jefa del clan Cuturrufo describe mejor a sus hijos. "Cristián es alegre y cocina rico, pero es muy desordenado. Y cuando hace asado, se come la mitad y a nosotros nos sirve después... Rodrigo es buen hijo, buen padre y estupendo músico, pero habla hasta por los codos. Marcelo es muy trabajador, pero medio mal genio. Carolina, estudiosa y respetuosa, pero si algo no le parece, se va pegando un portazo".
Otra característica "cuturrufiana" es que los varones son buenos para las 'tallas' rápidas y para los puñetes. "Yo fui pandillero desde los 12 hasta los 14 años, salía a pelear con linchacos y cadenas. Dejé la trompeta y me quedé repitiendo en primero medio. Una vez, en un festival le 'sacamos la cresta' a Alvaro Scaramelli, porque fue roto con mi papá. Pero ahora cuando nos encontramos, nos morimos de la risa", relata Cristián.
-¿Y cómo te enderezaste?
-Un día mi papá me puso como condición para ir a una fiesta que me aprendiera un solo: La Bamba. Me demoré 20 minutos. Y después me dijo: "ensaya, más adelante se te va a encender la ampolleta y me lo vas a agradecer". Al año ocurrió. Y aquí estoy... Me obsesioné con la trompeta, ensayaba 16 horas diarias. En matemáticas y castellano tenía rojos y legalmente repetí todos los años, pero en la trompeta, nunca me ha gustado ser número dos. Mi papá nos inculcó que fuéramos los mejores en lo que hiciéramos.
Lo confirmó el 2004, en una exitosa gira por Europa a la cabeza de Chile Jazz, agrupación que integran además Ignacio González (saxo), Carlos Cortés (batería), Federico Danneman (guitarra) y Rodrigo Galarce (contrabajo). También lanzó su cuarto disco, Jazz de Salón, un álbum de covers, a dos manos con Valentín Trujillo.
Aunque es bajito-bajito, Cristián se agranda en el escenario. En este caso, un círculo iluminado con una lámpara de lágrimas de principios del siglo XX, de la época en que el club era la casona de reuniones sociales de la familia Spencer y no el centro cultural que los Cuturrufo fundaron en 1998.
Unas cien personas siguen atentas el espectáculo. A un costado del escenario sorprende la figura de Matías, el hijo melómano de Marcelo, que con un movimiento de cabeza sigue, desde su silla de ruedas (sufre de una enfermedad neurológica), el ritmo de su padre y sus tíos. Definitivamente, son los genes...
FUEGO
En algún cruce de la carretera, entre Coquimbo y La Serena, un camino de tierra conduce hasta la parcela número 68. Es la casa 'matriz' de los Cuturrufo-Contador, una morada amplia pero sencilla de color burdeos, rodeada de los parajes donde Rodrigo, Marcelo, Cristián y Carolina se criaron entre ladridos de perros y otros sonidos que sólo ellos distinguen.
Es la hora de almuerzo del día sábado. Todo el mundo está trasnochado, pero aún hay ánimo para un pescado a la leña, especialidad culinaria de Cristián. Camino a la cocina está la Mechita, una anciana enferma que entró en la vida de la familia desde siempre. "Es una herencia. Todos saben que tienen que preocuparse de ella, es nuestra güagüa", cuenta María Elena, la dueña de casa.
En 1997, un incendio consumió la casa original de pino oregón, que medía 400 metros cuadrados. Fue un domingo en la noche. Marcelo salvó a la familia. Llegó en su camioneta y sintió olor a quemado. "El lugar era un infierno. Entré por la pieza del lavado y traté de humedecer la casa. Fui a sacar a mis papás, a mis hijos, a mi abuelo, a la Mechita, que no reaccionaba... Lo único que me faltó fue un perro, que se murió", detalla Marcelo."Cómo habrá sido que se fundió una tina de hierro que era de mi abuelo…Teníamos una flauta del siglo XVI que se quemó, violines, pianos. Perdimos una historia de 25 ó 30 años, en fotos y videos. En 10 minutos y medio todo desapareció, pero reafirmamos otras cosas", se lamenta Carolina.
Seis meses después fundaron el Club de Jazz y construyeron la nueva casa. De hecho, como cuentan por separado, al otro día hasta se reían y bromeaban. Marcelo terminó de construir su estudio de grabación a las cuatro de la tarde y lo vio hecho cenizas, en la noche. "Después del incendio, nos dieron una mediagua y la Onemi nos puso una carpa... Acá estamos, parados de nuevo", dice. Como resume Cristián: "Familia unida, jamás será vencida".
CHORO Y COQUIMBANO
Wilson Cuturrufo toma el acordeón y toca una melodía. Sus hijos no tardan en seguirle el ritmo. Es algo natural: siempre lo vieron dirigiendo orquestas. A los 9 años comenzó a tocar profesionalmente. "Cuando me hice conocido, todo el mundo me llamaba. Yo dije: me están pidiendo mucho, voy a tener que empezar a cobrar… Eso me ayudó a costearme los estudios de profesor", rememora el 'gran jefe'.
Crecieron escuchando tocar a su papá y más de una vez durmieron en las cajas de batería. "La música es algo que se traspasa solo, viene con el gen Cuturrufo. Mi hijo, Matías, escucha jazz todo el día y toca batería y acordeón, dentro de sus posibilidades. Mi otra hija, Ignacia, es baterista como yo", dice Marcelo.
Rodrigo, el mayor de los hermanitos Cuturrufo, es tan fanático que bautizó a su hija menor (percusionista), con el nombre de Ska. La otra, Jeruska, toca el clarinete. También se enorgullece de que su familia y él sean coquimbanos.
-¿O sea?
-Choros, mañosos, garabateros.
Carolina lo sabe bien: en el colegio, sus hermanos le espantaban a los pretendientes. "Recién a los 17 años pololeé", se queja. "Si un huevón quería acercársele, tenía que entenderse con los hermanitos Macana", reconoce Cristián.
En la mesa, las anécdotas abundan, sobre todo con unos hijos que, por lo visto, eran maldadosos y creativos… "Esto es medio cochino, pero una vez, no sé de dónde sacaron que a una perra (la Zucky), si le metían una aspirina en el poto, ella se iba a encender. Cristián le hundía la aspirina y le decía: 'prende luz' ", dice María Elena.
Cristián bromea con que si fuera portero del Club de Jazz, no lo "pescaría" nadie. "Todas las mujeres que he tenido las he conocido por la música", asegura. Igual que el padre.A María Elena, Wilson Cuturrufo la conquistó "sin decir una palabra", hace casi 40 años, en un malón familiar. Ella es la única que no es músico, aunque, a través de los años, aprendió a darse cuenta cuando alguien desafina o si hay que subir un volumen o bajarlo.
En todo caso, en el Club de Jazz "cada cual atiende su juego". María Elena es la administradora. Marcelo tiene un estudio de grabación. Carolina es la directora de una escuela de teatro. Rodrigo piensa abrir un café. Y Cristián toca cada vez que puede. Para los casamientos venden un 'servicio' completo: la madre se encarga del banquete, el padre oficia de maestro de ceremonias y dirige a Los Mascott, orquesta 'cumbianchera' de la cual, por supuesto, participan sus hijos.
"En la casa, bailamos, cantamos todos y yo hago payas", cuenta Cristián. Y son sagrados los 18 y las navidades en familia. Aunque Rodrigo, cada vez más fervoroso (apenas acepten sacerdotes casados se hace cura), va hasta Andacollo, a saludar a la "negrita", como llama a la Virgen.
Cristián lleva al cuello una cadena gastada con su imagen. Son todos devotos. Y, hasta la fecha, le han dedicado dos discos.
En sus tierras, a los Cuturrufo les dicen el 'Cutus Clan', porque se mueven en grupo, y nadie sabe si eso tiene que ver con las raíces diaguitas o sicilianas que se le atribuyen al apellido. "A mí me gusta. Habla de una familia férrea. Establecimos una marca, pero también ayudamos al desarrollo de mucha gente. Siempre hemos tenido instrumentos y los prestamos para que otros aprendan", subraya Wilson Cuturrufo.
Y como buen grupo, no paran: el 2006 esperan inaugurar la Escuela Iberoamericana de Ciencias y Cultura de Coquimbo. Claro que aún no está decidido quién "tocará" qué...
Alex W. Levine.-
Labels: En la Prensa, Jazz Chileno








